He perdido la cuenta de las veces que he resucitado.
Amanecí esta mañana cubierta de tierra, oliendo a Muerte, recién parida. Las otras veces que resucité me costó un tiempo adaptarme a reptar como larva de oruga, pero me he cansado de ser el ave fenix de las mariposas: el vuelo es muy corto y la metamorfosis muy larga.
Renuncio al reino de los insectos. Así que mientras me sacudo los restos de mi entierro y me deshago del barro bajo mis uñas (de escarbar hacia la superficie), mientras repaso mis heridas y las cicatrizo al sol, decidiré transparente, invisible, en qué me quiero convertir antes de volver a caminar entre los vivos.
Vendrá Neferata como siempre a invitarme a Lahmia, pero renuncié hace siglos a esa lucha que me hizo prescindir aquella vez del amor y que ahora me condena a estar buscándolo por los confines del universo.