Si te dijera…

Si te dijera. amor mío, que temo a la madrugada. No sé qué estrellas son estas que hieren como amenazas…

Si te dijera, amor mío, que la razón por la que no soporto estar sola es porque se me va apagando la alegría… Si te dijera que temo que la carencia de aquella sonrisa que te hizo enamorarte de mí, aquella que pensabas que tú hacías nacer, aquella que te hacía más llevadero el pan tuyo de cada día, que te iluminaba la vida… si te dijera que temo que ahora que no está no vuelvas a quererme…

Si te dijera que estoy sumergida en mi propia tristeza, en tu propia ausencia… Si te pidiera que me rescataras y que no me abandonaras…

Si te dijera que tengo destrozadas las alas…

Si te dijera, amor mío, que los hijos que no tendremos me preguntan asustados por tu llegada, que se prolonga y se difumina como una acuarela bajo el agua…

Si te dijera que ahora que es cuando menos te merezco es cuando más te necesito… ¿Qué me responderían tus ojos? ¿El silencio impotente de siempre? ¿O vendrán tus manos a sostenerme?

Dime, amor, si te lo dijera…

Tu casa

No recuerdo de qué estaríamos hablando, pero mencioné tu casa. Entonces miró hacia abajo, empezó a pellizcar su vestidito verde y con la voz entrecortada, a punto de llorar, logró decir: “No quiero volver”

- Pero ¿por qué?

- Porque… porque ahora olerá a ella, estarán sus libros en el salón, su ropa en el armario, su taza, su gel, sus zapatos… Ahora es imposible ignorar su presencia impregnada en las paredes… ya se habrán borrado las marcas que hicimos nosotros, ya no hay sitio para mí.

No pude consolarla más que con mis brazos, tenía razón y las dos lo sabíamos. La acuné, revolví sus cortos rizos negros y nos quedamos dormidas.

Y al tercer día resucitó de entre los muertos

He perdido la cuenta de las veces que he resucitado.

Amanecí esta mañana cubierta de tierra, oliendo a Muerte, recién parida. Las otras veces que resucité me costó un tiempo adaptarme a reptar como larva de oruga, pero me he cansado de ser el ave fenix de las mariposas: el vuelo es muy corto y la metamorfosis muy larga.

Renuncio al reino de los insectos. Así que mientras me sacudo los restos de mi entierro y me deshago del barro bajo mis uñas (de escarbar hacia la superficie), mientras repaso mis heridas y las cicatrizo al sol, decidiré transparente, invisible, en qué me quiero convertir antes de volver a caminar entre los vivos.

Vendrá Neferata como siempre a invitarme a Lahmia, pero renuncié hace siglos a esa lucha que me hizo prescindir aquella vez del amor y que ahora me condena a estar buscándolo por los confines del universo.

EL CUENTO DE LA NIÑA Y EL GIGANTE

Perdóneme el lector de esta historia si en algún momento soy imprecisa en los datos: hay cosas difíciles de recordar, no por perdidas sino por misteriosas…

Hace poco tiempo, en un reino cercano, había una niña morena en busca de un fantasma. Al principio solo esperaba volverlo a ver, retenerlo, conversar y convencerlo de que la llevara con él al mundo de Más Allá de los Sueños.
Como pasó el tiempo y vio que tardaba en llegar decidió buscarlo ella: miró detrás de cada árbol, debajo de cada piedra, en cada nido, escaló las más altas montañas y buceó en las profundidades más oscuras de los océanos y ríos. Pero no lo hallaba.


Estaba convencida de que lo volvería a tener en frente porque él se lo susurró una noche de solsticio en sueños. Pensó que quizás necesitase un empujoncito así que decidió buscar un maestro que le aclarase las cuestiones que no entendía de los libros, que le enseñase la anatomía de los fantasmas.

Poco después de tomar aquella resolución, le llegó una carta dirigida a otra persona y se puso en contacto con ella para entregársela. Resultó ser un gigante sabio y experimentado en espiritismo y artes ocultas, así que sin informar al gigante empezó a tramar un plan para que él la instruyese…

Y en verdad, esta historia empezará ahora: cuando nuestros protagonistas se conozcan. Ella irá a visitarlo y con el rito ancestral de la sangre sellará sus destinos para que Dios le permita aprender de él y a cambio su sangre lo proteja. Él sucumbirá al hechizo de la niña durante unos meses en los que le entregará toda su sabiduría y poder. Después verá el sello en su alma, pero no se sentirá engañado y seguirá al lado de la niña y aprenderán juntos nuevos misterios y conjuros. Viajarán por países remotos, desiertos infinitos y bosques inmensos para conseguir amuletos; lucharán contra dragones y monstruos olvidados.

Pero un buen día, al abrazarse tras encontrar un gran tesoro, él verá sangre en el alma de la niña y ella entenderá que es el preludio de la muerte de su esperanza. Y, como la primera vez, repetirá el rito ancestral, pero esta vez sellará sus memorias para que Dios le permita conservar algo de él eternamente y a cambio su sangre lo proteja.

Así, semanas después, él, con medias palabras, no querrá despedirse de ella pero de todas formas se irá al mundo de Más Allá de los Sueños. Puede que regrese, no lo sabe, puede que lo haga cambiado, quién sabe…