Con tu corazón empapado de amor, me miras. Me río satisfecha, tan llena de endorfinas que me revienta un “te quiero” en la boca, la que hace un rato te envolvió para hacerte nadie.
Renacemos con el mismo ritmo del amanecer y nos late la vida expandiéndose en ondas de felicidad por nuestros cuerpos, nuestra cama, el universo.
Y es así que cualquier lugar en el que habites se convierte en mi hogar.
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De vuelta al cuaderno… Me gusta que para cosas buenas…
Ains! que bonito, que dulce
saludos!
Me alegro que las cosas, por lo que parece, te vayan bien.
un saludo amaranta!!
acabo de ver en tu blog que a ti parece no acompañarte la suerte… muchísimo ánimo y un abrazo muy fuerte