Tu casa
No recuerdo de qué estaríamos hablando, pero mencioné tu casa. Entonces miró hacia abajo, empezó a pellizcar su vestidito verde y con la voz entrecortada, a punto de llorar, logró decir: “No quiero volver”
- Pero ¿por qué?
- Porque… porque ahora olerá a ella, estarán sus libros en el salón, su ropa en el armario, su taza, su gel, sus zapatos… Ahora es imposible ignorar su presencia impregnada en las paredes… ya se habrán borrado las marcas que hicimos nosotros, ya no hay sitio para mí.
No pude consolarla más que con mis brazos, tenía razón y las dos lo sabíamos. La acuné, revolví sus cortos rizos negros y nos quedamos dormidas.



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