Pongamos que hablo de Madrid

BSO: Pongamos que hablo de Madrid – La Mandrágora

“Historia de amor y de odio a una ciudad invivible pero insustituible”
Regresé siempre como fugitiva…
Viajé en ascensores que llené de deseo…
Me dejé el alma y la vida en sus rincones; en sus calles y en sus hostales, el amor y la inocencia…

Me dijo una vez que yo no estaba hecha para Madrid…

Llego y me voy de esa ciudad con las mismas ganas, la misma nostalgia, el mismo deseo de que allí todo sea posible, con la misma certidumbre de que ahí se esconde mi tesoro.

Antes de recorrer Madrid a su lado podían contarse con una mano las veces que fui: con el colegio de pasada, en primero de carrera a una manifestación de INEF (en verdad queríamos ver el Museo del Prado [en verdad no sabíamos qué hacer mejor que escapar el día antes del examen final de Historia del Arte]), en cuarto con Irene y Alicia y en quinto con el Retra, Polo y Mari para ver una exposición en el Palacio de Cristal.

Todas las veces llegué expectante, con miedo, no de la ciudad… sino de mí misma. Todas las veces fue una decisión tomada precipitadamente, todas las veces no me lo terminaba de creer aunque estuviera metida en el autobús. Todas las veces al llegar me sentía como en casa, me orientaba por las calles como el emigrante que vuelve al pueblo, como si cada esquina guardara un antiguo recuerdo de mi niñez, un deseo olvidado. Esa ciudad me sabía a poesía, a café, a periódico, a Quevedo, a Galdós, a Salinas… Una parte de mí amaba esa ciudad.

Amor, sí, pero amor y odio: como el amante despechado al reencontrarse con su amada y ver que ella finge no reconocerlo.

He paseado sola por el centro sin perderme y me he perdido por el resto conduciendo. Como si me hubiera confundido el paso del tiempo.

Me da miedo Madrid: la soledad con la que te amenaza tal cantidad de gente corriendo sin mirarte, la invisibilidad con la que te cubre la muchedumbre y las avenidas infinitas por las que se mueve. Me da miedo Madrid: enamorarme de esa ciudad y que cuando la muerte venga a visitarme le diga “aquí he vivido, aquí quiero quedarme”.

Cuando perdí mi inocencia, en la radio pusieron “Pongamos que hablo de Madrid”.

~ por Mani Caldito en 21 Diciembre, 2008.

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