Despierta, mi niña…
Hace diez años el cuatro de diciembre fue también jueves…
Estaba estudiando en Cáceres, conocía la libertad por primera vez, la independencia. Aprovechaba cada segundo para disfrutar de todo lo que hasta entonces no había podido hacer, pero aquella noche fue diferente.
Seguramente fue el primer jueves que no salí. Hacía frío, estaba el cielo rosado de lluvia rebosante, como hoy.
La noche prometía, era el último jueves antes de la fiesta de navidad; habíamos decidido hacer un adelanto de mi cumpleaños e ir arando el terreno para recoger frutos en la fiesta. Pero me sentía insignificante, vulnerable, débil… iba creciendo esa sensación junto al miedo, la soledad… y la tristeza empezó a vestirme.
Por eso decidí no salir y el que fuera jueves me permitía estar a solas conmigo misma: sin amigas, sin compañera… para revisar si las heridas eran viejas cicatrices abiertas o el presentimiento de nuevas ausencias, para lamerlas, para curarme.
En cuanto se fueron me acurruqué en la cama. Me quedé dormida. Desperté en sueños o soñé en despertar… y vi la sombra de un hombre alto levantarse del asiento que había encontrado en mi cama. Al principio me extrañé, pero me sentía tan tranquila, tan a gusto, tan a salvo, que no le dije que se fuera, simplemente me limité a observarlo.
Lo reconocí, me sonrió y sus ojos me arroparon, llenándome de paz, de calor, de amor.
“Cuida de tu madre”… y su voz lo inundó todo, tiritó mi alma, sonreí.
“…¡Qué suerte va a tener el hombre del que te enamores…!” me dijo mi abuelo cuando se despidió de mí…
A la mañana siguiente, el eco de su voz me susurró “Despierta, mi niña” y yo no volví a tener despertar tan dulce… Tuve la sensación de ir volando hacia el baño, me sentía tan querida, tan feliz que no podía dejar de sonreír, me miré al espejo y me vi como él me veía y por primera vez en mi vida me sentí hermosa. Entendí que aquella noche había venido a despedirse, así que le dije adiós, con lágrimas cálidas limpiando mi sonrisa.



Lo recuerdo todo perfectamente, tuviste la suerte de que fuese a despedirse de ti ese HOMBRE…
Buff que recuerdos, que sensaciones… Gracias otra vez
Ma tenía razón, no hacía falta que me llamarais para decírmelo, él se encargó de hacerlo *.*
ufff.
impresionante relato el que describes, se percibe en él tanto sentimiento que te aprisiona el corazón y te roba la respiración durante unos instantes.
en lo que debes pensar para siempre, es en la huella que te ha dejado ese hombre, en el recuerdo que siempre tendrás y en el cariño que transmitió no sólo durante su vida, sino sólo en ese momento, con un susurro, con un gesto.
desde luego alguien como tú merece un recuerdo así… y seguro que alguien como él, merece ser recordado.
un abrazo muy fuerte, muy fuerte.
Como me gustaría haber podido disfrutar más de EL…
Ahora me conformo con su olor de vez en cuando…
Gracias por hacernos sentir tanto princesa
siempre me emocinas… eres auténtica; sólo un detalle, el 4 de diciembre de aquel año era viernes; lo recuerdo bien porque el 10 de diciembre (día de la patrona de Mérida) fue nuestra primera cena de Navidad (y no la última) de la residencia, fue un jueves y todas estábamos emocionadas con la llegada de ese día. besos mi niña, te quiero
pues sí… mi abuelo murió la noche entre el día 3 y el 4… hice mal las cábalas
ainsss aquellas cenas XDDD
tía, tengo una foto de cuando fuimos presentadoras XDD te acuerdas?? fue en tercero XDDDD